Las mil y una noches
Las mil y una noches —Cuidado, no olvidéis que la señorita a cuya casa os traigo prefiere sobre todo la suavidad y decoro, y que no quiere que la contradigan. Con tal que le deis gusto en todo, podéis contar con que alcanzaréis de ella cuanto podéis apetecer.
Bakbarah le dió gracias por el consejo y prometió aprovecharse de él.
La anciana le hizo entrar en un hermoso edificio que correspondía a la magnificencia del palacio; había alrededor una galería, y en el centro se veía un precioso jardín. Dijóle que se sentara en un sofá ricamente guarnecido y que aguardara un momento, pues iba a participar su llegada a la dueña.