Las mil y una noches
Las mil y una noches Al cabo de este tiempo murió el generoso Barmecida, acabado por la vejez, y como no dejara heredero alguno, todos sus bienes fueron confiscados a favor del Príncipe, y con ellos todos los que había allegado mi hermano; de suerte que viéndose éste reducido a su primitivo estado, unióse a una caravana de peregrinos de la Meca, con intento de hacer aquella romería socorrido por sus limosnas, mas, para su desventura, se vió atacada la caravana y robada por un número de beduinos mayor que el de los peregrinos.
Mi hermano quedó esclavo de un beduino que le apaleó durante muchos días para obligarle a agenciarse el rescate, aunque le protestó que era por demás que le maltratase, diciéndole:
—Soy vuestro esclavo, y podéis hacer de mí lo que os plazca; pero tened por cierto que estoy sumido en la desdicha, y que carezco de medios para rescatarme.