Las mil y una noches
Las mil y una noches »Este coloquio de Schesnselnihar y del Califa —continuó la confidente— tuvo lugar mientras yo vine aquà a hablaros, y he sabido los detalles por mis compañeras; pero apenas os dejé corrÃ
a reunirme con Schesnselnihar y fuà testigo de cuanto ocurrió por la noche. La encontré en el aposento de que os he hablado, y creyendo ella que yo hubiese hablado con vos, hizo que me acercase y sin que nadie nos oyese:
»—Os estoy muy agradecida —me dijo— del servicio que me habéis hecho; probablemente será el postrero.
»No dijo más, y yo no estaba en situación de poder ofrecerle consuelos.
»El Califa entró por la noche, tomó la mano de Schesnselnihar y la hizo sentarse junto a él en el sofá.
»Ella se hizo una fuerte violencia para complacerle, de tal suerte que la vimos expirar pocos momentos después.
»En efecto, apenas estuvo sentada se desplomó hacia atrás.
»El Califa creyó que se trataba de un desmayo y nosotras creÃmos lo mismo. Nos apresuramos a socorrerla, pero ella no volvió más en sÃ.