Sir Gawain y el caballero verde

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81.

Entre tanto, se puso lo más noble de su atuendo: la cota de armas, con el símbolo de las acciones puras, sobre terciopelo rodeado de virtuosas piedras y franjas bordadas, y espléndidamente forrada de pieles costosas. No olvidó Gawain, pensando en su propio bien, la cinta que la dama le había dado. Cuando se hubo ceñido sobre sus finas caderas el cinto de la espada, pasó dos veces la prenda de amor en torno suyo, y se la ató con afecto en la cintura. Muy bien le sentaba sobre su regia ropa roja de rica apariencia, pero no se puso este ceñidor por su mera belleza, ni por el valor de sus relucientes colgantes, ni por el oro que brillaba en sus bordes, sino porque podía salvarle cuando tuviese que someterse a la prueba fatal sin defenderse con espada ni cuchillo. Una vez preparado el esforzado caballero, salió, dando las gracias de nuevo a todos los criados.

82.

Ahora, el grande y alto Gringolet, que había descansado digna y confortablemente, estaba aparejado y mostraba deseos de emprender el galope. Se llegó el caballero a él, lo examinó, y juró lleno de convicción:





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