Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Le dije que era ferozmente vengativo… y es cierto. Le contaré un hecho. Se lo pintará de cuerpo entero. Un macró le robó una mujer por la que Haffner se interesaba. Aunque ella no se habÃa "apalabrado"54 con él, lo evidente es que el otro procedió con más rapidez, y el Rufián perdió una bonita renta. Hay cosas que, sin decirlas, dos hombres las entienden. Y usted comprenderá que esas que precisamente se archivan en el fondo del alma son las más intensas. Indiscutiblemente, el Rufián estuvo aguardando la oportunidad en silencio. El otro recelaba, porque evitó durante un tiempo, prudentemente, frecuentar los sitios por donde barruntaba podÃa andar Haffner. Un dÃa se encontraron: el Rufián, aparentando absoluto olvido de lo sucedido, se dio por completo de amigo del otro, aunque el otro no ignoraba que esas jugadas jamás se perdonan. Se embriagaron juntos, pero el Rufián estaba, siempre que le convenÃa, ebrio un cuarto de hora antes de lo real. Y esa conducta es muy útil para guardar los propios secretos e investigar los ajenos…
De pronto suena una llamada de ronda, reglamentaria, y en la pared de madera de un caserón se mueve la sombra del caballo de un oficial inspector que recorrÃa el paraje. El Astrólogo prosigue: