Amor y amistad
Amor y amistad El señor Stanley, que, durante una parte de su discurso, no había sabido muy bien dónde quería llegar la señora Percival con sus insinuaciones sobre la impudicia de Kitty, se esforzó en calmar sus temores, asegurándola que bajo ningún concepto permitiría que su hijo permaneciera con ellos más de un día, y que podía confiar en que haría todo lo que estuviera en su mano para complacerla. Añadió que el mismo Edward estaba deseoso de volver a Francia, aunque alguien le había convencido de lo contrario. Esta declaración tranquilizó a la señora Percival en cierta medida, redujo un poco su preocupación y su alarma, y mejoró su disposición a tratar a Edward con cortesía durante el resto de su breve estancia en Chetwynde.
El señor Stanley fue inmediatamente a hablar con Edward, a quien repitió la conversación que había mantenido con la señora Percival, diciéndole que era absolutamente necesario que abandonara Chetwynde al día siguiente, ya que había empeñado su palabra. Su hijo solo pareció sorprenderse por las ridículas aprensiones de la señora Percival; y, encantado por haberlas provocado, sin prestar atención al resto de la conversación de su padre, se puso a pensar en cómo podía aumentarlas.