Emma
Emma Más bien le parecÃa divertido todo ese trajÃn… La gratitud de la señorita Bates por las atenciones que la señora Elton prodigaba a Jane era de una sencillez y de una efusividad cándidas. Era una de sus incondicionales, la mujer más afectuosa, más afable y más encantadora que pueda existir… una mujer de tantas prendas, tan bondadosa… (precisamente como la señora Elton querÃa que la consideraran). Lo único que sorprendÃa a Emma era que Jane Fairfax aceptase todas estas atenciones, y tolerase a la señora Elton, como al parecer asà era. Se decÃa que salÃa a paseo con los Elton, que visitaba a los Elton, que pasaba el dÃa con los Elton… ¡Era asombroso! Emma no podÃa concebir que el buen gusto y el orgullo de la señorita Fairfax pudiesen tolerar la compañÃa y la amistad que se le brindaba en la VicarÃa.
«¡Es un enigma, un verdadero enigma! —se decÃa—. ¡Preferir quedarse aquà meses y meses, aceptando privaciones de todas clases! Y ahora admitir la penitencia de que la acompañe a todas partes la señora Elton y que la aburra con su conversación, en vez de volver al lado de personas tan superiores, que siempre le han profesado un cariño tan sincero y tan generoso…»