Mansfield Park
Mansfield Park —Además, será anunciadora de otros acontecimientos importantes: el matrimonio de su hermana, y su ordenación.
—SÃ.
—No se lo tome a mal —dijo la señorita Crawford riendo—, pero eso me recuerda a los héroes paganos, que después de llevar a cabo grandes proezas en tierras extrañas ofrecen a su regreso sacrificios a los dioses.
—En este caso no hay ningún sacrificio —replicó Edmund con grave sonrisa, y mirando otra vez hacia el piano—. Es absolutamente elección de ella.
—¡Ah, sÃ! Lo sé. Era sólo una broma. No ha hecho sino lo que harÃa cualquier joven; y no me cabe duda de que es sumamente feliz. El otro sacrificio, naturalmente, no lo puede entender usted.
—Le aseguro que mi ordenación es tan voluntaria como el casamiento de Maria.
—Es una suerte que coincidan tan bien su inclinación y la conveniencia de su padre. Tengo entendido que le tiene reservado un sustancioso beneficio eclesiástico.
—Y usted supone que es eso lo que ha influido en mÃ.
—Yo estoy segura de que no —exclamó Fanny.