Mansfield Park

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La velada transcurrió con aparente tranquilidad, aunque casi todos estaban disgustados; y la música que sir Thomas pidió a sus hijas que tocasen contribuyó a ocultar la falta de verdadera armonía. Maria se hallaba enormemente impaciente. Para ella era de la mayor importancia que Crawford no perdiese tiempo en declararse, y estaba nerviosa porque había pasado el día sin que se hubiese producido avance ninguno en este terreno. Había estado toda la mañana esperando verle, y aún seguía esperándole por la noche. El señor Rushworth había salido temprano para Sotherton con la gran noticia; y Maria había esperado inocentemente una inmediata aclaración que le ahorrara la molestia de volver nunca más. Pero no habían visto a nadie de la casa parroquial, ni a uno solo de sus habitantes, ni habían recibido otra noticia que una amable nota de la señora Grant a lady Bertram en la que la felicitaba y se interesaba por ella. Era el primer día, desde hacía muchas, muchísimas semanas, que dejaban de verse totalmente las dos familias. Hasta ahora, y desde principios de agosto, no habían pasado cuarenta y ocho horas sin reunirse por uno u otro motivo. Fue un día lleno de tristeza y desasosiego. El siguiente, aunque por distinto motivo, no lo fue menos. A los primeros momentos de febril alegría siguieron horas de intenso dolor. Henry Crawford estaba en la casa otra vez; había llegado con el doctor Grant, que deseaba presentar sus respetos a sir Thomas; y a hora bastante temprana les pasaron al comedor de desayuno, donde estaba casi toda la familia. Sir Thomas apareció muy pronto, y Maria presenció encantada y nerviosa la presentación a su padre del hombre que amaba. Sus sentimientos eran indefinibles; como lo fueron unos minutos después cuando oyó a Henry Crawford, que ocupaba una silla entre ella y Tom, preguntar a éste, en voz baja, si había algún plan para reanudar los ensayos tras la feliz interrupción (con una cortés mirada a sir Thomas), porque en tal caso volvería a Mansfield en cuanto se lo pidiese el grupo: se iba a marchar inmediatamente, debía reunirse con su tío en Bath sin pérdida de tiempo; pero si había posibilidad de reanudar Promesas de amantes, se consideraría totalmente comprometido, anularía cualquier otro compromiso, y estaría con su tío con la condición de acudir a Mansfield en cuanto le necesitasen. La obra no se perdería por su ausencia.


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