El rancho del crimen
El rancho del crimen Permaneció allí un momento y luego empezó a arrastrarse sobre el césped en dirección al sitio en donde había dejado atado a Sonny, su veloz alazán. Si conseguía llegar hasta Sonny, tenía grandes probabilidades de escapar. Si alguna otra persona encontraba antes a Sonny, sus probabilidades de huir serían escasas.
Podía oír perfectamente los ruidos que producían sus enemigos persiguiéndole, por lo que ya puesto en pie siguió avanzando. Empezaban a alejarse los ruidos cuando oyó la voz de McCarron que decía:
—¡Mirad en eso árboles que hay sobre la hamaca! ¡Podría haberse encaramado allí!
Los empleados del rancho empezaban a retirarse hacia la casa. Sin embargo, Pete temía chocar con algún extraño cuando menos lo pensara. Tal encuentro no tendría mucha importancia si se trababa de un hombre solo, puesto que todavía conservaba sus revólveres. Cuando se acercaba a la linde el último corral, llegó a sus oído s el relincho familiar que hizo latir su corazón alborozadamente, Sonny estaba a salvo.
Pete corrió hacia él y casi se dio de bruces con la figura de un hombre que surgió súbitamente en la obscuridad.
Pete empuñó sus revólveres.
—¡Arriba las manos! —ordenó el sheriff—. ¡Si intenta sacar un revólver le corto el resuello!
El hombre alzó sus manos y se oyó una risa cínica.