El rancho del crimen
El rancho del crimen Como hombre positivista, pocas veces había gozado de felicidad. Iba pensando en la cartera que llevaba guardada en el interior de la camisa y en los siete mil dólares que contenía y, de cuando en cuando, acariciaba, complacido, su tesoro.
La cantidad no era, realmente, una gran cosa por la venta de una manada de bueyes del rancho de Slash C., reunidas apresuradamente para enajenarlos. Siete mil dólares era, por el contrario, un precio irrisorio, pero, de cualquier modo, eran siete mil dólares, y esa cantidad bastaba de momento para salvar el Slash C. Podía haberse reunido mayor cantidad de ganado en el rancho, pero, una vez perdido, era difícil reponerlo.
Wheeler guió su montura, en la que los correones de espuma denunciaban su cansancio, a través del alto chaparral y entró lentamente en un abarrancada tortuosa. Había pasado ya la parte más peligrosa de su camino.
Cada movimiento de su plomizo alazán le acercaba más a su destino, el rancho de Slash C. Iba a llegar sano y salvo a su hogar, con la cantidad de dinero que necesitaba.
