El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Pete paró en seco su alazán. Había salvado una vida. Había perdido tiempo haciéndolo y no podía esperar alcanzar a las reses delanteras ya. Evidentemente, Teeny y «Miserias» lo habían logrado, sin embargo, así como algunos de los vaqueros que habían acudido de la cocina de campaña, porque las reses empezaban a acortar la marcha.
Se oyeron disparos de revólver delante del rebaño. Pete los escuchó con satisfacción. Le indicaban que se estaba parando la estampía; que sus comisarios y los vaqueros estaban disparando en los morros de las reses y hasta matando a algunas de ellas tal vez para salvar a las demás de la destrucción.
Pero... ¡aquellos disparos del Sur! ¿Por qué sonaban disparos por allí... si el rebaño no había estado corriendo en aquella dirección? Rugió el trueno y, cuando se apagó el fragor, aun se oía el tiroteo, por el Sur.
¡Así, pues, los cuatreros habían atacado! El semblante de Pete Rice reflejaba su perplejidad. ¿Por qué habrían atacado en momento tan poco oportuno, cuando las reses se hallaban en plena estampía?
Pete depositó al vaquero en el suelo, lejos de todo peligro, y volvió a dar la vuelta por la parte de atrás del rebaño. Si se estaba librando alguna batalla, él quería tomar parte en ella.