El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Lo averiguó en cuanto se detuvo cerca del lugar en que habÃa dejado a Tomás y a Standish Buckland. El banquero y su hijo se hallaban cerca de un árbol grande, mirando con atención algo que habÃa en el suelo. Smiley Hanaford se hallaba a poca distancia de ellos.
La tempestad se habÃa apaciguado un poco; pero aun relampagueaba de vez en cuando. Una de estas veces, Pete pudo ver claramente el rostro de aquellos tres hombres.
Tomás Buckland parecÃa tan feroz como un águila. Standish tenÃa el aspecto de un muchacho que pudiera estar nervioso. El semblante de Smiley Hanaford, por una vez, no sonreÃa. Su expresión podrÃa indicar impaciencia e indignación.
—Ese tiroteo de por aquÃ... —empezó Pete.
—Se acabó ya sheriff —le interrumpió Tomás Buckland—. FÃjese en esa hondonada, junto al árbol. Buena caza, ¿eh? la oscuridad era bastante grande por aquÃ, pero...
Volvió a relampaguear. En la hondonada, cerca del árbol, Pete Rice vio los cuerpos de dos hombres.
—¿Muertos? —inquirió.
—¡Si! —contestó Tomás, con ferocidad—. ¿Por qué no?
Un relámpago iluminó la expresión triunfa del banquero. Rió.