Amor profano
Amor profano Muertos.
Sintió el mundo desmoronarse bajo sus pies. Se tambaleó, sin aliento. Sus ojos buscaban desesperadamente alguna señal de que no era cierto, de que todo era un error.
Pero no lo era.
El velorio fue breve. Los familiares del conde llegaron para reclamar su cadáver y sepultarlo en la cripta ancestral en el Loira. Su madre, en cambio, fue enterrada en la pequeña iglesia del pueblo. Ivona, vestida de negro, sintió que una parte de ella era enterrada con ella.
El castillo, que había sido su refugio, se convirtió en una prisión.
Hasta que él llegó.
El sonido de cascos de caballo interrumpió el silencio helado del amanecer. Ivona miró por la ventana y sintió que la sangre se le congelaba en las venas.
Un carruaje oscuro. Un hombre alto descendiendo con paso firme.
Su tío.
Sabía quién era aunque nunca lo había visto de cerca. Sabía que, tras la muerte de su madre, él era su tutor legal. Y si había venido a buscarla, nada bueno podía significar.
Se envolvió en su chal y bajó al vestíbulo.
