Amor profano
Amor profano —Lady Ivona —su voz era firme, sin rastro de emoción—. Ha llegado la hora de volver a casa.
Ivona apretó los puños.
—Mi casa está aquÃ.
Su tÃo esbozó una sonrisa gélida.
—No. Tu madre rompió su juramento con nuestra familia y tú cargarás con las consecuencias. He decidido tu destino.
El frÃo que sentÃa en la piel no se comparaba con el que le invadió el pecho cuando escuchó las siguientes palabras:
—Te llevaré a un convento. AllÃ, las mujeres caÃdas como tu madre pagan por sus pecados.
Ivona sintió que la realidad se partÃa en dos.
El castillo ya no era su refugio. Ahora era solo el último escalón antes del abismo.
Fin de la Primera Parte.
Si te gusta, dime y continúo con la Segunda Parte: El verdugo en la tormenta.
La mañana en que Ivona dejó el castillo, el cielo era una bóveda de acero. Sin sol, sin esperanza. Se aferró a la manta que llevaba sobre los hombros mientras su tÃo la escoltaba al carruaje, su silueta rÃgida e imponente, como una sombra que la empujaba hacia su destino.
