Jane Eyre
Jane Eyre —Temo que nunca se acabarán.
—¿Por qué razón?
—He sido vÃctima de una falsa acusación, señora. Ahora usted y todas las demás pensarán de mà que soy perversa.
—Nos formaremos una opinión de ti en función de lo que tú nos muestres. Sigue portándote como una buena chica, y yo estaré satisfecha.
—¿Podré?
—Claro que sà —afirmó, rodeándome con su brazo—. Y ahora, ¿quieres explicarme quién es esa dama a la que el señor Brocklehurst llamó tu benefactora?
—La señora Reed, la esposa de mi tÃo. Quedé a su cargo cuando él murió.
—Entonces, ¿no fue ella quien te adoptó por voluntad propia?
—No, señora. Ella lamentó verse obligada a ello, pero mi tÃo, como a menudo explicaban los criados, le hizo prometer antes de su muerte que siempre se ocuparÃa de mÃ.
—Bien, Jane, como debes de saber, todo presunto culpable tiene derecho a hablar en su propia defensa. Has sido acusada de ser una mentirosa; defiéndete ante mà tan bien como seas capaz. Explica todo lo que tu mente recuerde como cierto, pero no añadas nada ni exageres los detalles.