Jane Eyre
Jane Eyre Relaté brevemente lo que sabía, empezando por la extraña risa que había oído en el pasillo, los pasos que subían hacia el tercer piso, el humo y el olor a quemado que me habían conducido hasta su cuarto, la escena que me había encontrado al entrar y mi reacción de lanzarle encima toda el agua que pude conseguir.
Me escuchó con el semblante grave. Su rostro expresaba más preocupación que sorpresa y tardó unos instantes en decir algo cuando yo acabé de contarle lo sucedido.
—¿Desea que avise a la señora Fairfax? —pregunté.
—¿A la señora Fairfax? No, ¿para qué demonios la quiere? ¿Es que hay algo que ella pueda hacer? ¡Déjela dormir tranquila!
—Entonces iré en busca de Leah, y despertaré a John y a su esposa.
—No hará nada de eso: limítese a quedarse quieta. Veo que lleva puesto un chal, pero si tiene frío coja mi capa, envuélvase con ella y siéntese en el sillón. Así, yo mismo la taparé. Y ahora apoye los pies en la banqueta para que no se mojen. La dejaré sola unos minutos y me llevaré la vela. No se mueva de aquí hasta que vuelva: quédese silenciosa como un ratón. Debo subir al tercer piso. Recuerde: no se mueva ni llame a nadie.