Jane Eyre
Jane Eyre —Nada más lejos de mi ánimo que emprender acción alguna en su contra, señor —dije, y la vulnerabilidad que se apreciaba en mi voz sirvió para fortalecer el significado de la frase.
—No en el sentido que tú le das, pero tal y como yo lo entiendo estás planeando la forma de destruirme. Acabas de decir que soy un hombre casado, y por ello estás dispuesta a huir de mÃ, a apartarte de mi camino. Hace solo un momento te has negado a besarme. Pretendes convertirte en una extraña para mÃ, recuperar el papel de institutriz de Adèle. Si alguna vez me dirijo a ti con una frase amable, o despierto en ti alguna emoción placentera, te dirás de inmediato: «Ese hombre ha estado a punto de convertirme en su amante: debo ser de piedra y hielo». Y en piedra y hielo te convertirás.
Carraspeé y contesté con voz firme:
—Todo ha cambiado para mÃ, señor, y por tanto yo también debo cambiar. No tengo la menor duda sobre ello, y hay un único camino para evitar la debilidad en los sentimientos y los continuos combates contra los recuerdos: Adèle necesita una nueva institutriz, señor.