Jane Eyre
Jane Eyre Primero dediquĂ© una hora a traducir algunas páginas del alemán. Luego cogĂ la paleta y los pinceles y emprendĂ una tarea mucho más fácil y placentera: terminar el retrato de Rosamond Oliver. Ya habĂa finalizado la cabeza, solo faltaba pintar el fondo y sombrear el vestido. Dar un leve toque de carmĂn a los labios, colorear ligeramente los rizos y oscurecer un poco las pestañas que realzaban aquellas pupilas azuladas. Estaba tan absorta en la ejecuciĂłn de esos detalles que apenas oĂ el suave golpe en la puerta que precediĂł a la entrada de Saint John Rivers.
—He venido a ver cĂłmo pasaba usted este dĂa de fiesta —dijo—. Espero que no se haya dejado invadir por la tristeza y la nostalgia. ÂżNo? Eso está bien: mientras dibuje nunca se sentirá sola. Ya ve, todavĂa no me fĂo de usted, y eso que hasta el momento se ha portado de forma magnĂfica. Le he traĂdo un libro para que se distraiga al anochecer.