Jane Eyre
Jane Eyre —Ha tomado mi confianza por asalto —continuó—, y ahora la tiene a su disposición. Una vez arrancadas las vestiduras con que el cristianismo cubre la deformidad humana, no soy más que un hombre frÃo, duro y ambicioso. El único sentimiento que ejerce un efecto permanente sobre mà es el afecto natural. Me guÃa más la razón que el sentimiento: mis ambiciones no tienen lÃmite y mi deseo de llegar lejos, de hacer más que los demás, es insaciable. Admiro la resistencia, la perseverancia, el trabajo duro y el talento, porque son los medios de los que disponen los hombres para conseguir grandes fines y alcanzar las metas más elevadas. Observo su carrera con interés porque la considero un ejemplo de mujer diligente, ordenada y enérgica, no porque sienta compasión por lo que ha tenido que pasar o por el sufrimiento que aún la afecta.
—Se describirÃa usted como un mero filósofo pagano.