Jane Eyre
Jane Eyre —¡Oh, no! No, señora. Nadie vive ahÃ. Supongo que es usted una extraña por estos lares o ya sabrÃa lo que sucedió el otoño pasado. Thornfield Hall no es más que una ruina: ardió en la época de la cosecha. ¡Un cruel incendio arrasó la mayor parte del terreno! Apenas lograron salvar de las llamas algunos muebles. El fuego empezó a media noche y antes de que llegaran las bombas de Millcote el edificio ya habÃa sido pasto de las llamas. Yo presencié el espectáculo: fue algo terrible.
—¡A media noche! —murmuré—. SÃ, esa siempre fue una hora fatal en Thornfield. ¿Se sabe cómo empezó?
—Se hicieron conjeturas, señora, y sin embargo yo dirÃa que no hay duda de cómo sucedió. Tal vez usted no sepa —prosiguió, acercando la silla a la mesa y bajando el tono de voz— que habÃa una dama, una…, una loca, encerrada en la casa.
—Algo habÃa oÃdo al respecto.
—Se la mantenÃa absolutamente oculta, señora. Mucha gente dudó de su existencia durante años: corrÃa el rumor de que habÃa algún habitante misterioso en la casa, pero nadie sabÃa con seguridad de quién se trataba o cuál era su verdadero estado. Se decÃa que el señor Rochester la habÃa traÃdo consigo del extranjero y algunos comentaban que habÃa sido su amante. Pero hace un año sucedió algo raro, algo muy raro…