Villette
Villette Pero cuando la señora Sweeny se enteró de que yo iba a ocupar su puesto, entonces sí se delató, entonces sí se revolvió contra madame Beck con todas sus fuerzas, antes de arrojar su ira sobre mí. Madame aguantó tan bien sus desplantes, con tanto estoicismo, que yo me vi obligada, aunque sólo fuera por pudor, a guardar la compostura. Madame Beck se ausentó un momento de la habitación; diez minutos después, apareció un agente de policía. La señora Sweeny tuvo que desalojar la casa con todas sus pertenencias. Madame contempló la escena con rostro impasible; sus labios no dejaron escapar ni una sola palabra altisonante.
El pequeño asunto del despido se resolvió con rapidez antes del desayuno: se dio la orden de que abandonara el internado, se llamó a la policía, se expulsó a la amotinada, se fumigó y limpió la chambre d’enfants, se abrieron las ventanas de par en par, y cualquier huella de la competente señora Sweeny quedó borrada de la rue Fossette[30], incluido el suave aroma y la fragancia espirituosa, prueba fatídica y sutil de la verdadera cabeza y frente de su crimen[31]. Todo esto, como digo, se hizo entre el momento en que madame Beck salió de su habitación como la diosa Aurora y el instante en que se sentó tranquilamente para servirse su primera taza de café.