Villette

Villette

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Transcurrieron así las primeras horas de la tarde: el día empezó a ceder hacia el ocaso; y yo, que no había tomado nada desde el desayuno, empecé a morirme de hambre. Recordé el refrigerio que sin duda en aquellos instantes estarían devorando abajo, en el jardín. Había visto en el vestíbulo una cesta de pâtés à la crème, lo que más me gustaba del mundo. En mi situación, un pâté o un pedazo de pastel hubieran resultado de lo más à propos; y, como cada vez tenía más ganas de comer esas exquisiteces, empezó a parecerme muy duro tener que pasar el día de fiesta ayunando en prisión. A pesar de lo lejos que estaba el desván de la puerta principal y del vestíbulo, el sonido constante de la campanilla y el incesante traqueteo de las ruedas sobre el castigado pavimento llegaban débilmente hasta mis oídos. Sabía que la casa y el jardín estaban abarrotados de gente, y que abajo todo era alegría y buen humor. Empezaba a anochecer: los escarabajos desaparecían de mi vista; me estremecí ante la idea de que pudieran acercarse sigilosamente a mí, subir a mi trono sin ser vistos y trepar por mi falda libres de sospecha. Impaciente y temerosa, volví a ensayar mi papel para matar el tiempo. Cuando estaba a punto de acabar, oí el anhelado ruido de la llave en la cerradura… un sonido de lo más agradable. Monsieur Paul (pude distinguir su figura en la penumbra, pues aún quedaba suficiente luz para ver la negrura aterciopelada de sus cortos cabellos y el marfil cetrino de su frente) se asomó al desván.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker