Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Yo de ninguna manera! Al contrario, tendré mucho gusto en mandarla al infierno para castigar a su Hacedor —exclamó el blasfemo—. ¡Brindo por su absoluta condenación!
Bebió el licor y nos despidió con impaciencia, terminando la orden con una serie de horribles imprecaciones, demasiado espantosas para repetirlas o recordarlas.
—¡Qué lástima que no se mate a fuerza de beber! —observó Heathcliff, devolviéndole entre dientes un eco de maldiciones cuando se cerró la puerta—. Hace todo lo que puede, pero su naturaleza le desafÃa. El señor Kenneth dice que apostarÃa su yegua a que vivirá más que cualquier hombre de este lado de Gimmerton, y que irá a la tumba siendo un pecador con canas, a menos que le ocurra por afortunada casualidad algo fuera de lo normal.
Entré en la cocina, me senté y me puse a arrullar a mi niño para que se durmiera. Pensé que Heathcliff habÃa cruzado hacia el granero. Resultó después que sólo habÃa ido hasta el otro lado del escaño, se habÃa echado en un banco junto a la pared, lejos del fuego, y permanecÃa en silencio.
Yo estaba meciendo a Hareton en mis rodillas y tarareando una canción que empezaba:
En la noche oscura, los niños lloraban,
y bajo tierra, las madres les escuchaban[22]…