Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Mi amo, comprendiendo que su hija no querÃa creer lo que le decÃa sobre la maldad de su tÃo polÃtico, le hizo un rápido bosquejo de su conducta con Isabella y de cómo Cumbres Borrascosas pasó a ser de su propiedad. Le resultaba insoportable extenderse mucho sobre el tema, porque, por poco que hablara de él, seguÃa sintiendo hacia su antiguo enemigo el mismo horror y aborrecimiento que habÃa dominado su corazón desde la muerte de la señora Linton. «PodÃa vivir todavÃa de no haber sido por él», era su constante y amarga reflexión, y a sus ojos Heathcliff era un asesino. La señorita Cathy, que no sabÃa de otras malas acciones que sus leves actos de desobediencia, injusticia o arrebato, debidos al temperamento apasionado y a la irreflexión, y de los que se arrepentÃa el mismo dÃa que los cometÃa, quedó pasmada ante la negrura de un alma capaz de rumiar y ocultar la venganza durante años y de seguir deliberadamente sus planes sin una sombra de remordimiento. Pareció tan profundamente conmovida y afectada ante esta nueva visión de la naturaleza humana —excluida de sus estudios y de sus ideas hasta entonces—, que el señor Linton consideró inútil continuar con el tema. Sólo añadió:
—Más adelante, cariño, sabrás por qué quiero que evites su casa y su familia, ahora vuelve a tus quehaceres y diversiones de siempre y no pienses más en ellos.