Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »¡Ellen, estuve a punto de arrancarme los pelos! Sollocé y lloré hasta que mis ojos casi no veÃan y el rufián al que tienes tanta simpatÃa estaba allà delante, atreviéndose de vez en cuando a pedirme que me callara y negando que fuera culpa suya, y al fin, asustado por mis afirmaciones de que se lo dirÃa a papá y que lo meterÃan en la cárcel y lo ahorcarÃan, empezó a gimotear y salió corriendo para ocultar su cobarde agitación. Pero aún no me habÃa librado de él. Cuando al fin me obligaron a marcharme y me habÃa distanciado unas cien yardas de la casa, de repente surgió de la sombra, paró a Minny y me cogió.
»—Señorita Catherine, lo siento mucho —empezó—, pero está muy mal…
»Le di un latigazo con mi fusta pensando que quizá me asesinara. Me soltó, atronando con una de sus horribles palabrotas, y yo galopé a casa medio loca.