El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —¿Y qué tienen que ver los calzoncillos? —preguntó Iván, mirando alrededor, desconcertado.
—Lo importante es Poncio Pilatos, desde luego, pero el que vaya en calzoncillos también influirá. Porque tiene que dejar aquà la ropa del sanatorio y ponerse la suya. Le recuerdo que vino aquà en calzoncillos. Y como usted no tiene la intención de pasar por casa, aunque yo se lo he insinuado… Luego lo de Pilatos…, y es cosa hecha.
A Iván le pasaba ahora algo muy extraño. Su voluntad parecÃa escindirse. Se sentÃa débil y necesitado de consejo.
—Pero ¿qué hago? —preguntó tÃmidamente.
—¡Asà me gusta! —respondió Stravinski—. Esto ya es ponerse en razón. Déjeme contarle lo que le ha pasado. Ayer hubo alguien que provocó un disgusto, un temor, contándole una historia sobre Pilatos y alguna otra cosa. Y usted, sobreexcitado y nervioso, se puso a recorrer la ciudad hablando de Poncio Pilatos. Es lógico que le hayan tomado por loco. Lo único que puede salvarle es una cura de absoluto reposo. Lo que tiene que hacer, por tanto, es quedarse aquÃ.
—¡Pero si hay que pescarle en seguida! —gritó Iván suplicante.