El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —La orden del hegémono será cumplida —contestó Afranio—, pero tranquilÃcese: el plan de los malhechores es muy difÃcil de realizar. Figúrese —el huésped miró alrededor mientras hablaba—, espiarlo, matarlo, además enterarse de cuánto dinero habÃa recibido y arreglárselas para devolverlo a Caifás, y ¿todo en una noche?
—De todos modos le van a matar esta noche —repitió Pilatos, obstinado—. Le digo que tengo un presentimiento. Y no se ha dado el caso que me haya fallado —cambió de cara y se frotó las manos con un gesto rápido.
—A sus órdenes —contestó el huésped con resignación. Se puso en pie y preguntó con severidad—: Entonces, ¿le van a matar, hegémono?
—Sà —respondió Pilatos—, tengo todas mis esperanzas puestas en su sorprendente eficacia.
El huésped se arregló el pesado cinturón bajo la capa y dijo:
—Salud y alegrÃa.
—¡Ah sÃ! —exclamó Pilatos en voz baja—, se me habÃa olvidado por completo. ¡Le debo dinero!
El huésped se sorprendió.
—Por favor, usted no me debe nada.