El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —No soy esclavo —contestó Levà Mateo, cada vez más enfurecido—, soy su discÃpulo.
—Como siempre, hablamos en idiomas distintos —respondió Voland—, pero las cosas de que hablamos no cambian por eso. ¿Bueno?
—Ha leÃdo la obra del maestro —habló Levà Mateo—, pide que te lleves al maestro y le des la paz. ¿Te cuesta trabajo hacerlo, espÃritu del mal?
—A mà no me cuesta trabajo hacer nada —contestó Voland— y tú lo sabes muy bien —permaneció callado y luego añadió—: ¿Y por qué no os lo lleváis vosotros al mundo?
—No se merece el mundo, se merece la tranquilidad —dijo Levà con voz triste.
—Puedes decir que todo será hecho —contestó Voland, se le encendió el ojo y añadió—: y déjame inmediatamente.
—Pide que también se lleven a la que le querÃa y sufrió tanto por él —Levà por primera vez habló a Voland con voz suplicante.
—Si no fuera por ti nunca se nos hubiera ocurrido. Vete.
Levà Mateo desapareció; Voland llamó a Asaselo, diciéndole:
—Vete a verlos y arréglalo todo.
Asaselo abandonó la terraza y Voland se quedó solo.