Mentira
Mentira El silencio que siguió fue más pesado de lo que Xenia había anticipado. La recepcionista tecleó algo en la computadora, y luego la miró con desconfianza.
—¿Eres familia?
Xenia negó con la cabeza.
—Amiga.
Después de un intercambio frío, la mujer le indicó una sala de espera y le pidió que dejara su bolso. Cada segundo que pasó allí, Xenia sintió cómo su resolución flaqueaba. Pero entonces apareció un guardia y la condujo a una pequeña habitación con una mesa y dos sillas de plástico.
Y ahí estaba él.
Marcelo entró con las manos atadas por esposas, el uniforme del centro resaltando lo joven que era. Sus ojos, sin embargo, eran viejos, llenos de algo que Xenia no podía nombrar.
—¿Por qué viniste? —preguntó Marcelo mientras se sentaba frente a ella.
—Quiero saber la verdad.
Marcelo soltó una risa amarga.
—Pensé que ya la sabías.
Xenia lo miró directamente a los ojos, buscando alguna pista de que esto era un error, que el chico con el que había hablado durante semanas no podía ser el mismo del que hablaban las noticias.