Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Ha sido sin querer —dijo Cinco, de mal humor—. Siete me ha dado un codazo.
Siete, al oÃr esto, alzó la vista y dijo:
—¡Bravo, Cinco! ¡Siempre echando la culpa a los demás!
—¡Tú, mejor que te calles! —dijo Cinco—. Ayer mismo oà decir a la Reina que merecÃas ser decapitado.
—¿Y por qué? —preguntó el que habÃa hablado primero.
—No es asunto tuyo, Dos —dijo Siete.
—¡Sà que lo es! —dijo Cinco—. Y se lo voy a explicar: fue por llevarle a la cocinera bulbos de tulipán en lugar de cebollas.
Siete arrojó su pincel y, apenas habÃa empezado a decir: «Bien, de todas las injusticias…», cuando sus ojos se fijaron casualmente en Alicia, que habÃa estado parada delante, observándolos, y se contuvo inmediatamente. Los otros también la miraron y todos a una le hicieron una reverencia.
—Por favor —dijo tÃmidamente Alicia—, ¿podrÃais decirme por qué estáis pintando esas rosas?
Cinco y Siete no dijeron nada, pero miraron a Dos. Este, en voz baja, empezó asÃ: