Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Niña de frente pura como un cielo sin nubes
y ojos de sueño y dicha,
aunque la ley del tiempo a los dos nos separe
la mitad de una vida,
acoge como ofrenda este mágico cuento
con amable sonrisa.
¡Cuánto tiempo sin ver tu mirada radiante
ni oír tu risa fina!
Sé que en tu joven vida no habrá de pervivir
ninguna imagen mía.
Mas no importa: me basta que escuches ahora el cuento
que mi pluma te envía.
Un cuento que iniciamos en los días brillantes
de aquel cálido estío,
una simple canción que a acoplar nos servía
nuestro remar a un ritmo
cuyos ecos perduran por más que años celosos
nos sugieran olvido.
Ven, pues, y escucha antes de que la voz implacable