Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas 
—¡Billetes, por favor! —dijo el inspector asomando la cabeza por la ventanilla. Cada cual, al instante, tendió su billete: los billetes eran más o menos del tamaño de la gente y se dirÃa que casi llenaban el vagón.
—¡Vamos, niña, enséñame el billete! —dijo enojado el inspector dirigiéndose a Alicia. Y muchas, muchas voces repitieron al unÃsono («como el coro de una canción», pensó Alicia): «¡Date prisa, niña! ¡Que el tiempo cuesta mil libras por minuto!».