Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas le ha dado un palizón bueno.
En bandeja, unos pan blanco,
otros integral les dieron.
Por la villa todos claman:
¡qué tarta les ofrecieron!
Y un redoble de tambores
arrojó a los dos del pueblo.
—¿Es que… el que… gana… se lleva la corona? —articuló a duras penas Alicia, pues de tanto correr se habÃa quedado sin aliento.
—¡No! —dijo el Rey—. ¡Qué ocurrencia!
—¿TendrÃa usted… la bondad —jadeó Alicia, tras correr un poquitÃn más— de parar un minuto… solo para… retomar aliento?
—Bondad sà tengo —dijo el Rey—; lo que me falta es fuerza. Y tú sabes que un minuto se va volando. ¡Intentar pararlo serÃa como detener a un Bandersnatch!
Alicia no tenÃa aliento para hablar. Siguieron corriendo en silencio hasta llegar ante una gran multitud, puesta en corro, que contemplaba la lucha del León y el Unicornio. Tal polvareda envolvÃa a los contendientes que Alicia no pudo al principio identificarlos, pero pronto consiguió distinguir por el cuerno al Unicornio.