Silvia y Bruno
Silvia y Bruno No tuvimos ningún tipo de problema para encontrar al jardinero. Pese a hallarse detrás de unos árboles que lo ocultaban a nuestra vista, aquella áspera voz suya sirvió para guiarnos hasta él; y, al acercarnos, la letra de su canción se volvió cada vez más audible y clara:
Creyó ver volando en torno
a la lámpara un albatros:
mas luego advirtió que era
un sello postal barato.
«Mejor vete a casa —dijo—
¡o acabarás empapado!».

—¿TenerÃa miedo de coged fdio? —dijo Bruno.
—Si se mojara mucho —sugirió Silvia—, podrÃa pegarse a algo, ya sabes.
—Y ese algo tenerÃa que viajad pod coreo, ¡fuese lo que fuese! —exclamó Bruno con entusiasmo—. ¡Imagina que se tdatara de una vaca! ¡Qué mal lo pasarÃan los otdos paquetes!
—Y todas esas cosas le han ocurrido a él —señaló el profesor—. Eso es lo que hace tan interesante la canción.
—Debe de haber tenido una vida muy curiosa —opinó Silvia.
—¡Y que lo digas! —contestó efusivamente el profesor.