Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¿Seguro que no le importa? —respondió el earl—. Me temo que no cabemos todos en el carruaje, y no quiero decirle a Eric que abandone a su prima tan pronto.
—Lejos de importarme —aseguré—, lo preferirÃa. Asà tendré tiempo de hacer un bosquejo de estas hermosas y antiguas ruinas.
—Te haré compañÃa —interpuso de pronto Arthur. Y, en respuesta a lo que supongo fue una expresión de sorpresa por mi parte, agregó en voz baja—: De verdad que me parece una opción más apetecible. EstarÃa realmente de más en el carruaje.
—Creo que yo también iré a pie —dijo el earl—. Tendrás que contentarte con Eric como escolta —añadió hacia lady Muriel, que se nos habÃa unido mientras hablábamos.
—Deberás ser tan entretenido como Cerbero: «tres caballeros en uno» —se dirigió lady Muriel a su acompañante—. ¡Será una gran hazaña militar!
—¿Una especie de misión desesperada? —sugirió modestamente el capitán.
—¡Sà que sabes hacer un cumplido! —ironizó riendo su hermosa prima—. Que tengan un buen dÃa los tres, caballeros… o más bien, ¡desertores! —Y los dos jóvenes subieron al carruaje, que se puso después en marcha.