Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Sobre la mesa, aguardando mi regreso, había un sobre de ese peculiar tono amarillo que siempre anuncia un telegrama, y que debe de estar, en la memoria de tantos de nosotros, inseparablemente unido a algún súbito y gran pesar, algo que ha arrojado una sombra, que nunca será completamente retirada mientras estemos en este mundo, sobre la claridad de la vida. No cabe duda de que, para muchos de nosotros, también ha sido heraldo de inesperadas noticias gozosas, pero este caso, creo, resulta menos común: la vida humana parece, en su conjunto, contener más penas que alegrías. Y, aun así, el mundo sigue girando. ¿Quién sabe por qué?
Esta vez, sin embargo, no hube de enfrentarme a ninguna impresión dolorosa; de hecho, las escasas palabras que incluía («Me sentía incapaz de escribir. Ven pronto. Siempre bienvenido. Te enviaré una carta. Arthur.») me recordaron tanto al propio Arthur al hablar que me provocaron una intensísima alegría, y de inmediato me puse a hacer los preparativos necesarios para el viaje.