Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Es una nueva forma de verlo, para mà —señaló lady Muriel—, pero parece igualmente cierta. En cualquier caso, ¡no me andaré con generalidades con un viejo amigo como usted! Porque somos viejos amigos, en cierto modo. ¿Sabe que pienso que fuimos viejos amigos desde el principio? —añadió con un tono divertido en total disonancia con las lágrimas que relucÃan en sus ojos.
—Muchas gracias por el comentario —respond×. Me gusta pensar en usted como en una vieja amiga —«¡… aunque su aspecto parezca desmentirlo!» habrÃa sido la apostilla casi imprescindible con cualquier otra mujer, pero tenÃa la sensación de que ella y yo ya habÃamos dejado atrás hacÃa mucho tiempo la fase en que eran posibles los cumplidos, o cualquier otra trivialidad similar.
En ese momento el tren hizo una breve parada en una estación, donde dos o tres pasajeros se subieron al coche; de manera que no volvimos a hablar hasta que hubimos llegado al destino de nuestro viaje.