Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Vea pues cómo funciona eso! —prosiguió de manera ansiosa—. Si quieren vaciar sus pozos tan pronto… porque supongo que me dirá que es lo que deben hacer, ¿no?
—Asà es —dije—. En un paÃs superpoblado con este, únicamente las oposiciones…
Mein Herr alzó las manos como si estuviese fuera de sÃ.
—¿Qué, otra vez ? —gritó—. ¡CreÃa que desaparecieron hace cincuenta años! ¡Oh, este upas de las oposiciones! ¡Bajo cuya mortÃfera sombra todo el genio original, todo el estudio exhaustivo, toda la incansable diligencia de una vida mediante los cuales nuestros antepasados tanto hicieron avanzar el conocimiento humano, deben lenta pero inevitablemente marchitarse para verse reemplazados por un sistema de cocina, en el que la mente humana es una salchicha, y lo único que nos preguntamos es cuánta materia indigerible puede embutirse en su interior!
Siempre, después de estos arranques de elocuencia, parecÃa perder el control durante un momento y mantenerse asido al hilo de sus pensamientos por alguna palabra aislada.