Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¿Qué es ese espantoso ruido? —preguntó de manera impetuosa, girándose hacia su sobresaltado marido.
—Una hiena… o algo asà —replicó el subrector, mirando al techo con aire indiferente, como si fuera allà donde se las encontrara habitualmente—. Pasemos al trabajo, querida. Aquà llega el rector. —Acto seguido recogió del suelo un pedazo extraviado de papel escrito a mano, en el que alcancé a leer únicamente las palabras: «… tras cuya debida celebración de elecciones los mencionados Sibimet y su esposa Tabikat pueden a su voluntad asumir imperial…», antes de estrujarlo en su mano, con expresión delatora.