Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha 
Don Quijote y Sancho llegaron a la playa de Barcelona la víspera de San Juan. Vieron el mar, hasta entonces de ellos no visto. Parecioles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera, y vieron las galeras llenas de gallardetes que tremolaban al viento.
En esto se les acercó un grupo de hombres con libreas, uno de los cuales le dijo:
—Vuestra merced, señor don Quijote, se venga con nosotros a casa de don Antonio Moreno, que todos somos sus servidores y grandes amigos de Roque Guinart.
Don Antonio Moreno, que era caballero rico y discreto, y amigo de holgarse a lo afable, lo primero que hizo fue hacer desarmar a don Quijote y sacarle a pasear, no sobre Rocinante, sino sobre un gran macho de paso llano. En sus espaldas, sin que lo viese, sus criados le cosieron un pergamino, donde escribieron con letras grandes: Este es don Quijote de la Mancha. En comenzando el paseo, admirábase don Quijote de ver cuantos le miraban, le nombraban y conocían, pero un castellano que leyó el rótulo de las espaldas alzó la voz, diciendo: