El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––No, no es tan grave como eso. Son las fuerzas extraoficiales: los irregulares de Baker Street.
Mientras tanto, se oyó un rápido pataleo de pies descalzos que subían por la escalera, un estruendo de voces chillonas, y en la habitación irrumpió una docena de golfillos de la calle, sucios y desarrapados. A pesar de su tumultuosa entrada, se notaba en ellos una cierta disciplina, pues al instante formaron en fila y se quedaron ante nosotros con el rostro expectante. Uno de ellos, más alto y mayor que los otros, se adelantó con aire de ociosa superioridad que resultaba muy gracioso en un mamarracho tan impresentable.
––Recibí su mensaje, señor ––dijo––, y los he traído volando. Tres chelines y seis peniques de los billetes.