El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Si la lancha está a flote, ellos la encontrarán ––dijo Holmes, levantándose de la mesa y encendiendo su pipa––. Pueden meterse en todas partes, verlo todo, escuchar cualquier conversación. ConfÃo en que la encuentren antes de esta noche. Mientras tanto, lo único que podemos hacer es esperar los resultados. No podemos retomar la pista perdida hasta que sepamos dónde están el Aurora o Mordecai Smith.
––Supongo que Toby puede comerse estas sobras. ¿Va usted a acostarse, Holmes?
––No; no estoy cansado. Tengo un organismo muy curioso. No recuerdo que el trabajo me haya cansado nunca; en cambio, no hacer nada me deja completamente agotado. Voy a fumar mientras repaso este extraño asunto en el que nos ha metido mi bella cliente. Si ha habido alguna vez una búsqueda fácil, deberÃa ser ésta que nos ocupa. Los hombres con pata de palo no abundan demasiado, pero el otro individuo me atrevo a decir que es absolutamente único.
––¡Otra vez ese otro hombre!
––Mire, no quiero que parezca que hago de esto un misterio, pero usted ya tiene que haberse formado una opinión. Vamos a ver, considere los datos: pisadas diminutas, pies descalzos, que nunca han estado oprimidos por zapatos, maza de madera con cabeza de piedra, muy ágil, dardos envenenados… ¿Qué saca usted de todo esto?