El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Eso me parece un poco flojo ––dije––. Es más probable que hubiera arreglado sus asuntos antes de emprender esta expedición.
––No, yo no lo creo asÃ. Ese cubil suyo era un refugio demasiado valioso en caso de necesidad como para abandonarlo antes de estar seguro de que podÃa prescindir de él. Pero hay una segunda consideración que me hizo pensar.
Jonathan Small tenÃa que ser consciente de que el extraño aspecto de su compañero, por mucho que lo cubriera de ropas, darÃa que hablar a la gente, e incluso era posible que lo relacionaran con la tragedia de Norwood. Es lo bastante listo como para darse cuenta de eso. HabÃan salido de su cuartel general al abrigo de la oscuridad, y le interesaba estar de vuelta antes de que se hiciera completamente de dÃa. Ahora bien, según la señora Smith, eran más de las tres de la mañana cuando abordaron la lancha. Una hora más tarde ya habrÃa bastante luz y gente levantada. Por lo tanto, me dije, no debieron ir muy lejos. Le pagaron bien a Smith para que cerrara la boca, reservaron su lancha para la fuga final y se marcharon corriendo a su escondite con la caja del tesoro.