El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Nada de eso ––respondÖ–. Lo tengo todo pensado hasta el último detalle. El único impedimento para la fuga es que no podemos conseguir una embarcación adecuada para el viaje, ni provisiones que nos duren tanto tiempo. Pero en Calcuta o en Madrás hay montones de yates y quichés pequeños que nos servirÃan perfectamente. Nosotros subiremos a bordó por la noche, y si ustedes nos dejan en cualquier parte de la costa india, habrán cumplido su parte del trato.
––Si se tratara sólo de una persona… ––dijo.
––O todos o ninguno ––respondÖ–. Lo hemos jurado. Tenemos que ir siempre los cuatro juntos.
––Ya lo ve, Morstan ––dijo el mayor––. Small es un hombre de palabra. No abandona a sus amigos. Creo que podemos fiarnos de él.
––Es un negocio sucio ––respondió el otro––. Pero, como tú dices, ese dinero nos sacarÃa a flote perfectamente.
––Muy bien, Small ––dijo el mayor––, supongo que tendremos que aceptar sus condiciones. Pero, como es natural, antes tendremos que comprobar la veracidad de su historia. DÃgame dónde está escondida la caja y yo solicitaré un permiso e iré a la India en el barco mensual de suministros, para investigar el asunto.