El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––No tan deprisa ––dije yo, que me iba enfriando a medida que él se acaloraba––. Tengo que obtener el visto bueno de mis tres camaradas. Ya le digo que tenemos que ser los cuatro o ninguno.
––¡TonterÃas! ––estalló––. ¿Qué pintan esos tres negros en nuestro trato?
––Negros o azules ––dije yo––, están conmigo en esto y vamos todos juntos.
Pues bien, el trato se cerró en una segunda reunión, a la que asistieron Mahomet Singh, Abdullah Khan y Dost Akbar. Volvimos a discutir el asunto y al final nos pusimos de acuerdo. Nosotros proporcionarÃamos a los dos oficiales sendos planos de aquella parte del fuerte de Agra, marcando el lugar en el que estaba escondido el tesoro. El mayor Sholto irÃa a la India a verificar nuestra historia. Si encontraba el cofre, debÃa dejarlo donde estaba, enviar un pequeño yate pertrechado para el viaje, con instrucciones de atracar frente a la isla de Rutland (ya nos las arreglarÃamos nosotros para llegar allá), y por último, regresar a su puesto. A continuación, el capitán Morstan solicitarÃa un permiso, irÃa a reunirse con nosotros en Agra y allà repartirÃamos por fin el tesoro. El capitán se llevarÃa su parte y la del mayor.