El signo de los cuatro
El signo de los cuatro Todo esto lo sellamos con los juramentos más solemnes que la mente pueda concebir y los labios pronunciar. Me pasé toda la noche dándole a la pluma, y por la mañana tenÃa terminados los dos planos, firmados con el signo de los cuatro: es decir, Abdullah, Akbar, Mahomet y yo.
Bien, caballeros, los estoy aburriendo con mi larga historia y sé que mi amigo el señor Jones está impaciente por dejarme bien guardado en la jaula. Seré lo más breve que pueda. Aquel canalla de Sholto marchó a la India, pero ya no regresó jamás. Muy poco tiempo después, el capitán Morstan me enseñó su nombre en una lista de pasajeros de un buque correo. HabÃa muerto un tÃo suyo, dejándole en herencia una fortuna, y él habÃa abandonado el ejército. Sin embargo, aquello no le impidió rebajarse hasta el punto de traicionar a cinco hombres como lo hizo con nosotros. Poco después, Morstan fue a Agra y, tal como esperábamos, descubrió que el tesoro habÃa volado. Aquella sabandija lo habÃa robado todo, sin cumplir ninguna de las condiciones bajo las que le habÃamos confiado el secreto.