El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Pues que ya lo tenemos, asà de simple ––dijo él––. Conozco un perro capaz de seguir ese olor hasta el fin del mundo. Si una jaurÃa es capaz de seguir el rastro de un arenque por todo un condado, ¿qué no podrá hacer un perro especialmente adiestrado con un olor tan penetrante como éste? Es como un problema de regla de tres. La respuesta nos dará el… ¡Ah, vaya! Aquà tenemos a los representantes oficiales de la ley.
De la planta baja llegaba el sonido de fuertes pisadas y un clamor de voces, y la puerta del vestÃbulo se cerró con un ruidoso portazo.
––Antes de que lleguen ––dijo Holmes––, ponga la mano aquÃ, en el brazo de este pobre hombre, y aquÃ, en la pierna. ¿Qué nota?
––Los músculos están duros como una tabla ––respondÃ.
––Exacto. Están en un estado de contracción extrema, que supera con mucho el rigor mortis normal. Si combinamos eso con esta distorsión de la cara, esta sonrisa hipocrática o risus sardonicus como la llamaban los autores antiguos, ¿qué conclusión se le ocurre?
––Muerte causada por algún potente alcaloide vegetal ––respondÖ–. Alguna sustancia parecida a la estricnina, capaz de provocar tétanos.