El pirata
El pirata —No —exclamó Peyrol—. Soy demasiado viejo para romperme los huesos en favor de un soldado patán de ParÃs, que se cree muy listo.
—No le pido que lo haga —dijo el teniente, con una severidad extrema en la que Peyrol reconoció el tono de quien lleva charreteras—. No se trata de hacer algo en favor de soldado alguno, viejo bandido. Al fin y al cabo, somos franceses.
—¡No me diga!
—¡SÃ! —dijo Réal—. Me di cuenta al oÃrle hablar esta mañana en la cocina, con esa corbeta inglesa al alcance, como si dijéramos a un tiro de piedra.
—¡SÃ! ¡Un barco hecho en Francia! —gruñó Peyrol, golpeándose fuertemente el pecho—. Le duele a uno aquà al verlo. Me creo capaz de poder abordarlo sin ayuda de nadie.
—En eso nos entendemos perfectamente —dijo el teniente—. Pero el asunto del que le hablo es mucho más importante que la recuperación de esa corbeta capturada. De hecho, es mucho más que tender una trampa a un almirante. ¡Esto forma parte de un plan mucho más vasto, Peyrol! ¡Se trata de dar un paso más hacia nuestra gran victoria naval!
—¡Nuestra! Yo soy un pirata y usted un oficial. ¿Qué significa ese «nuestra»?