La carretera
La carretera —Papá... —susurró el niño, su voz apenas un hilo de miedo. —Shh.
El hombre esperó, su cuerpo tenso como un resorte a punto de romperse. Uno de los extraños se detuvo, mirando hacia el bosque. Por un momento, sus ojos parecieron fijarse en el lugar donde estaban escondidos. El hombre apretó la pistola, listo para disparar.
Pero los hombres siguieron adelante, perdiéndose en la distancia. El hombre y el niño permanecieron en silencio durante largos minutos antes de atreverse a moverse.
—¿Por qué llevaban ese saco? —preguntó el niño cuando volvieron a la carretera. El hombre no respondió. SabÃa lo que habÃa en el saco, pero decirlo en voz alta habrÃa quebrado algo en el niño que aún se aferraba a su inocencia.
Esa noche no encendieron fuego. Durmieron abrazados bajo las mantas, el hombre con la pistola siempre al alcance. El mundo se sentÃa más pequeño, más peligroso, y la carretera más larga que nunca.
A la mañana siguiente, el niño se detuvo de repente mientras caminaban. —Mira.
A un lado de la carretera, entre los árboles, habÃa un esqueleto humano. Estaba encorvado, como si hubiera estado sentado esperando algo. El hombre lo miró, intentando ignorar el peso de lo que significaba.